Benjamín, la mañana y el agua

Me dice que llegó unos minutos antes, que si puedo dejarlo pasar. Accedo, busco mis llaves, bajo las escaleras y ahí está, frente al portón, sonriendo con dos bolsas de papel. Benjamín I. Cardona, cineasta puertorriqueño, espera mientras halo con fuerza el candado mohoso. Entra, me abraza parcamente con dos cafés y un croissant de intermediarios, reímos por las madrugadas imprevistas y subimos hasta la mesa.

Sonsira a las 9 de la mañana. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Sonrisa a las 9 de la mañana. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Al cabo de unos minutos, con el líquido preciado de las mañanas habitando nuestro estómago y, eventualmente, el cuerpo, nos disponemos a conversar sobre él y sus proyectos.

“Benjamín es un muchacho de Arecibo, Puerto Rico que a la edad de 18 años decidió venir al área metropolitana a estudiar Arquitectura, pero me faltaron 10 puntos de IGS y me dijeron que empezara por Historia del Arte. Eso hice, estuve cuatro años y, de pronto, tomé una electiva en Actuación. Al tiempo, anunciaron una audición y fue la primera oportunidad que tuve para actuar en teatro profesional. Ahí decidí que quería cambiar de concentración”, comenta mientras confiesa que dejó la tesina a medias porque le restringieron los temas.

“Yo quería trabajar una estética cinematográfica dentro de lo que es el arte e integrarlo, pero no me dejaron. Me desmotivé y me cambié. Cuando hago el cambio, estuve un año y medio más estudiando, y pude adentrarme más en lo que era el teatro y el cine”, dice en tono íntimo con los ojos postrados en el piso mientras se ríe de la vida y de la decisión valiente que tomó.

Entretanto, me cuenta que se matriculó en clases de dirección escénica, que estuvo en una producción del Teatro Rodante, que actuó en El hombre almohada en el 2010, que hizo “par de cosas” en producción teatral y que fue muy afortunado en el festival Hecho en Europa, en el que actuó, escribió y codirigió el corto Bloqueo.

A punto de terminar su Bachillerato en Historia del Arte, se cambió a Drama, en el Recinto de Río Piedras de la UPR. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
A punto de terminar su Bachillerato en Historia del Arte, se cambió a Drama, en el Recinto de Río Piedras de la UPR. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Entonces, al fin, llegamos hasta su más reciente joya, Más que el agua, proyecto que ha trabajado desde el 2009, año en el que redactó “un vómito de 60 páginas”, que, con el tiempo, logró ser lo que es ahora, y que cuenta con la participación de Isabel Arraiza, Francheska Mattei, Jacqueline Duprey, Ronald Torres, Julio Ramos y Lydia Echevarría.

“Tiene un punto de partida muy sencillo, muy universal: la búsqueda de la felicidad. En esta historia en particular, sigue a dos personajes. Sería el de Joaquín y el de Carol, dos amigos de la infancia, que han desarrollado una relación de codependencia y dentro de esa búsqueda no están logrando alcanzar lo que desean. Dentro de esa área de comodidad, se levantan una serie de cuestionamientos que los llevan a separarse”, dice.

Joaquín, interpretado por el propio Benjamín, es homosexual. Carol es heterosexual y está infatuada con su amigo inconscientemente, por lo que lo busca en múltiples personas, pero no lo logra, por eso tiene múltiples relaciones fallidas.

Así las cosas, él no cuenta con la aprobación de su madre en cuanto a su sexualidad y decide irse de su hogar primario y comenzar una vida por su propia cuenta.

“En esa búsqueda, se separan como amigos porque entra una tercera persona a la relación. A partir de eso, dentro de su separación, creen que pueden regresar a ese lugar en el que pusieron la pausa”, añade el director, quien se detiene, al parecer, para no darme la sorpresa completa o, a lo mejor, para no enredarme en el barullo de las amistades rotas.

Intrigado, le pregunto sobre el cine queer en el país y sobre cómo, de alguna forma u otra, lo que hace en Más que el agua se diferencia de lo que se ha hecho recientemente.

“Yo siento, localmente, que es un proyecto que trabaja la temática homosexual con seriedad, no la ridiculiza. En eso se aparta de otras producciones. Fuera del tabú de lo que para muchas personas es lo gay, dentro del proyecto se trabaja con mucha naturalidad y puedes ver que, de todos los personajes, solamente uno es partidario de la homofobia. De hecho, no se menciona la palabra ‘homosexual’ salvo en una ocasión. No es necesario. La situación es bastante clara”, asegura.

Por esa misma línea, hablamos sobre la finalidad del artista con respecto a los mensajes que se quieren llevar a través de una obra.

“Lo que quiero es que a través del proyecto las personas sepan lo importante que es cultivar las relaciones. Vivimos en un mundo en el que gente no logra identificarse, no logra congeniar por las expectativas que tenemos y por los ideales”, indica al tiempo que asegura que el título surge como reflexión a la vitalidad de ese líquido que nos mantiene en la tierra.

“Es algo esencial, que necesitamos y el hecho de que tu pudieras pensar que sí existiese otra cosa que pudiera sustituir el efecto que el agua tiene en el cuerpo, significa que, eso que es, lo deseas con mucho ahínco. También está la cuestión de “La sangre pesa más que el agua”, que establece una conexión entre los personajes y los vínculos”, manifiesta mientras mira me mira a los ojos y cruza su pierna izquierda sobre la derecha.

El estado de situación actual

Benjamín, además de explicar su producción, aprovechó para comentar el estado de situación actual del cine queer en Puerto Rico más allá de su iniciativa cinematográfica.

“Queda mucho por explorar. Lo que se ha podido trabajar ha sido bastante llano y siento que por un lado es por los fondos y, por otro lado, es porque se ha trabajado con miedos por tratar de ser políticamente correctos. De hecho, aún dentro de mi proyecto, no se va a los extremos, pero recuerdo que me dijeron que Puerto Rico no estaba preparado para esta iniciativa. Espero que ahora que estamos en el 2014, y eso me lo dijeron en el 2010, sí estemos listos para ver proyectos que deciden ir mucho más allá”.

Espera, con ansias, que el panorama de las producciones "queer" sea más alentador con el paso de los años. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Espera, con ansias, que el panorama de las producciones “queer” sea más alentador con el paso de los años. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

De igual forma, puntualiza que, de aquí a diez años, quisiera que el panorama de estas entregas fuera más esperanzador.

“Yo quiero siempre ser bien optimista y quisiera ver que la mentalidad fuera diferente, pero está la parte realista, lo onírico. No obstante, quiero pensar que sí, que vamos a tener un lugar mucho más saludable, no solamente dentro de la comunidad gay, sino de la sociedad en general”, acota.

A manera de coda, con la ilusión pegada de sus manos, dialogamos unos minutos más y veo, en su mirada, que sueña con que sus planes se concreten aunque tenga que esperar cinco años, aunque la espera sea más que un tabú, más que una restricción, más que el agua que le he servido en una pequeña copa.

Busco mis llaves, repito la rutina de bajar, pero esta vez acompañado de una presencia cálida y comprometida. Abro el candado mohoso, lo abrazo nuevamente –sin intermediarios-, lo veo partir y sonrío mientras su cuerpo se desaparece entre las estelas del calor citadino y sus pasos se hacen gotas lejanas contrapuestas a la aceleración de un automóvil. Cierro el portón, pero abro la puerta de las palabras con las que escribe sus guiones y con las que yo construyo estas líneas. Esos vocablos que, en su caso, se hacen imagen en movimiento,  yo los palpo desde el teclado para regalar un pedacito de la magia del ingenio de Benjamín, ese artista de nuestra generación, que hoy conversó conmigo.


Más que el agua se presentará próximamente en las salas del país. Pendientes a Ciudad Puente para detalles. 


Por: Wilfredo J. Burgos Matos