Pitanza: una historia de persistencia

Asegura haber hecho de todo. Trabaja bajo mucha presión en su nuevo proyecto culinario, completa estudios graduados y es director escolar. Con todo eso sobre sus hombros, habla, con una ternura que no disimula, sobre la Avenida Universidad. La visualiza como un baluarte de su preparación profesional, como pieza clave de su formación personal, como ese espacio en el que supo lo que era crecer.

Luis Antonio Figueroa Colón es original de Coamo. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Luis Antonio Figueroa Colón es original de Coamo. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Se trata de Luis Antonio Figueroa Colón, propietario de Pitanza y coameño a mucha honra, que en el 2001 zarpó hacia Río Piedras para establecerse permanentemente.

“Cuando llegué aquí comencé a laborar en el Vidy’s Café como empleado de limpieza, de viernes a domingo. Necesitaba mis chavitos. Eso lo hice mientras estudiaba y trabajaba. Entonces, terminé mi bachillerato, empecé mi maestría, inicié labores en un colegio especializado en la educación especial, y desarrollé una curiosidad por el comercio”, dice Luis, quien a la par con esas obligaciones, siguió evolucionando en el Vidy’s, donde pasó de bartender a cocinero, de cocinero a supervisor, y, eventualmente, a gerente.

Dicha faena administrativa culminó apenas hace nueves meses para dedicarse por completo a Pitanza. El nombre de esta nueva iniciativa encuentra su base en el francés y se utilizó durante la Edad Media para referirse a la porción de comida que se le daba a un pueblo pobre.

“Como la filosofía del negocio es trabajar unos productos, ofertas, que estén dirigidas a una buena nutrición, a un “comer saludable”, comer rico, que te dé satisfacción y bienestar, es que me topo con “pitanza”. Obviamente, hay que visualizar que en aquella época quienes recibían estas raciones de alimentos eran los marginados a nivel social. Pero eso no me limitó, pues hay que romper con los estereotipos y con los estigmas de la gente, ya que no veo que estoy ofreciendo pitanza a un pueblo con poca cultura, sino una porción que necesitas para sentirte bien, para enriquecerte como persona”, comenta.

A su vez, añade que Río Piedras tiene una mística muy especial, porque dicho entorno permite una serie de interacciones con pluralidades étnicas que en otros puntos de la Isla no se pueden experimentar.

“Este lugar te provee unas oportunidades y unas experiencias diferentes, porque tiene una población diversa, rica en culturas, que te expone a unas vivencias que tal vez tu pueblo no te puede proveer”, manifiesta.

De otro lado, asegura que la acogida ha sido idónea gracias a la labor que realizó durante 12 años en su antiguo centro de trabajo.

“Tengo que señalar que lo que viví en el Vidy’s me dio una imagen ante la comunidad universitaria y los vecinos comerciantes de la zona; esa particularidad me ha ayudado mucho y ahora tengo lo mío”, acota al mismo tiempo que asegura que se ha corrido la voz, pues “hasta vienen los padres de los universitarios que comen durante la semana aquí. Eso ayuda a que se rompan los estereotipos que se tienen sobre la Avenida, pues los hijos se motivan a traer a sus padres al área”.

Por su parte, dicho esfuerzo no nace de preocupaciones ajenas a Luis, pues sus propios descuidos sirvieron como pieza de inspiración para lanzarse a este nuevo proyecto.

“Llegué a un momento dado en que me dejé llevar por la carga de trabajo y estudio, por lo que desatendí mi alimentación. Entonces, mi salud comenzó a deteriorarse, por lo que me enfoqué en cambiar mi estilo de vida creando un espacio como el que yo necesitaba en aquel tiempo como alumno”.

Ahora mismo, el versátil comerciante practica la buena comida y pone al servicio de la comunidad platos que van desde una ensalada de frutas o de verduras, arroz integral, wraps, pastelones de carne molida de pavo (no trabaja con carnes rojas) hasta tofú. Por este tipo de alimentos, precisamente, entiende que Pitanza le abre puertas al público vegetariano que, en el casco urbano ríopedrense, no tiene variadas opciones para su disfrute.

Gran parte de la oferta disponible en Pitaza, puede ser moldeada por el comensal. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Gran parte de la oferta disponible en Pitaza, puede ser moldeada por el comensal. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Además de este local, Luis también es dueño del club nutricional Salud Universitaria, contiguo a su restorán, que trabaja con los afamados suplementos de la compañía Herbalife.

“Yo inicié con esos productos desde hace dos años. Conocí la corporación, su filosofía y decidí unirme. Es una compañía de redes, que tiene issues a nivel legal, pero eso no me captó. Me atrajo tener una mejor calidad de vida bajando de peso. Por ello, comencé a utilizarlos un agosto y en noviembre ya tenía un cambio significativo. Luego, me empezaron a preguntar cómo lo hice, me pidieron los productos, me envolví y llegué hasta este punto de tener un club”, indica.

Entretanto, en Pitanza, Luis cuenta con un mostrador repleto de vitaminas y medicamentos naturales que van de la mano con la filosofía del restaurante.

“Entiendo que hay suplementos, vitaminas y nutrientes que no los podemos adquirir de la comida. Hay que entrar, entonces, a estos complementos dentro de este estilo de vida. Es una parte que desarrollaremos también, pues esa oferta muchas veces los estudiantes la buscan en grandes cadenas y se alejan del área. Pero aquí lo tendrá accesible”, concluyó el propietario, quien funge como director en el Colegio IMEI.

Wrap de pollo con hummus. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Wrap de pollo con hummus. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Así las cosas, mientras sonríe por haber alcanzado, paso a paso, lo que añoraba, recuerda su proceso de permisología para establecer su negocio y lo arduo que fue. Pero reconoce que eso queda en el pasado y ahora se concentra en su presente. Un aquí y ahora que disfruta mientras medita sobre la Avenida Universidad, ese espacio que el joven empresario aspira a reinventar desde su trinchera con este esfuerzo que pretende alimentar beneficiosamente a los comensales del entorno urbano que se clavó en su corazón.

Pero sus recuerdos, inevitablemente, regresan a su municipio de origen. Vuelve al lugar en el que aprendió a valorar los sacrificios del trabajo de su humilde familia. Repasa el tesón con el que lo educaron y no puede más que seguir celebrando que ha superado las primeras millas de un maratón, ha rebasado su Cuesta del Ajoguillo para renovar a San Juan, para, finalmente, reivindicar a Río Piedras.

Pitanza abre de lunes a viernes desde las 11 a.m. hasta las 9:00 p.m. Sábados y domingos el horario especial va desde la 1:00 p.m. hasta las 7:00 p.m. 

Por su parte, el club nutricional Salud Universitaria, inicia labores desde las 7:00 a.m. hasta las 2:00 p.m., y regresa de 5:00 p.m. a 7:00 p.m. 


Nota del autor: La Cuesta del Ajoguillo la encuentran los corredores del histórico Medio Maratón San Blás de Coamo a poco más de pasadas las 6 millas de la carrera. Dicen que quien supere esta parte primero, gana la prueba.


Por: Wilfredo J. Burgos Matos