“Hago esto aunque sea con una fe ciega”

Una tarde, un viaje en tren, unas cuantas paradas de la AMA, un lugar en común. El calor hacía su jugada, mientras las ansias por el diálogo sellaban un pacto con él, quien se mostró muy entusiasmado con la entrevista que sostendríamos en Libros AC, ese espacio que a tantos une.

Entonces, un abrazo, una sonrisa, una orden de comida, encender la grabadora de mi móvil y un preámbulo a su persona, a quién es y de dónde vino hasta llegar a ser ese autor que a tantos convoca a leer desde una transparencia que enternece, que va al grano con una voz clara.

Se trata de David Caleb Acevedo, uno de los escritores puertorriqueños más prolíficos de estos tiempos, quien accedió a un breve encuentro en el corazón de Santurce, para platicar sobre sus obras recientes.

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El escritor comenta sus obras más recientes. / Foto por: Tomás E. Mercado Rivera

 

“Nací en San Juan, en 1980, en el CDT de Río Piedras. Luego de ello, a los cuatro años, me mudé a Hartford, Connecticut. Viví allí hasta los 14. A esa edad, decido regresar a Puerto Rico a estudiar. Entonces, ese verano cumplo los 15 y, ya para agosto, comienzo a estudiar en la UPR de Humacao. Allí hago lo que es el año básico y en el 2000 me mudo al recinto de Río Piedras”, comparte mientras espera por lo que ordenó.

Al rato, le cuestiono su decisión por iniciar su carrera en el este del País, en un centro universitario que no es muy común para los jóvenes artistas.

“Buena pregunta. Supongo que en aquel momento había un programa que me satisfacía o hasta le tenía miedo a Río Piedras. No sé”, puntualiza.

Por lo pronto, hace embocadura y, al instante, llegamos casi al presente. Cuenta que en el 2005 se graduó de dos bachilleratos y unas cuantas concentraciones menores, que hizo un año de maestría pero que “estaba fundido”, que se fue a vivir con su ex durante seis años hasta hartarse de Coamo, que consiguió trabajo en Caguas, y que terminó con esa rutina cansona que en nada le beneficiaba.

Me cansé, dejé a mi pareja y me mudé para Río Piedras. La primera semana que estoy en Río Piedras recibo un tiro en ambas piernas, tengo la bala alojada todavía en la pierna derecha. Ese fue mi comité de bienvenida. De ahí, conozco a mi actual pareja, esa misma semana de haberme mudado. Nos movimos juntos prácticamente el día después de conocernos y hasta ahora estamos juntos”.

Entretanto, tengo sed del escritor, ese que muchos conocen y que, entre letra y letra, se ha desvestido desde que era muy pequeño.

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Pronto, publicará varios libros con diversos temas. / Foto por: Tomás E. Mercado Rivera

 

“David Caleb escritor es el más viejo de todos. Empecé a los seis años. Escribía de todo. La primera novela que yo escribí fue antes de venir de Hartford para acá, todavía la tengo, porque es todo salvable, excepto los diálogos. Esa novelita se llama Lluvia. Fue un intento de escribir en español”, dice quien asegura que no publica todo, pero que no bota nada.

Todos sus trabajos llevan años, pues empezó a trabajar desde temprano en su vida y todavía revisa escritos de aquellas épocas. Otros, por el contrario, lo atraparon en poco tiempo hasta terminarlos por completo.

Por ejemplo, Desongberd, Premio Nacional de Cuento del Instituto de Cultura de Puerto Rico, se tardó seis años; Las formas del diablo, que publicará bajo Editorial La Tuerca, se tardó siete; y Cielos negros, que hasta se envió a reimpresión recientemente bajo el sello Editora Educación Emergente, se tardó siete meses.

En el caso de el Oneronauta (Editorial Boreales), el período de gestación duró un año. En este texto, uno de los personajes tiene el poder de meterse en los sueños y viajar en ellos. No es, propiamente, de ciencia ficción aunque tiene un elemento bien fuerte de este estilo, que es el viaje en el tiempo. Lo que le preocupa al Oneronauta no es elucubrar sobre el origen del mundo o temas propiamente tratados por la fantasía. Es más bien un bildungsroman, que es una novela de crecimiento.

De otro lado, Desongberd es una mirada a la parte más oscura de la vida de la historia humana desde diferentes puntos de vista. La mayoría son de fantasía, ciencia ficción y de horror, y conforman, en sí, “un libro bastante gordo”.

Cielos negros es completo sobre la experiencia queer en todos los registros posibles y Las formas de diablo es la que se aparta totalmente de todo lo que ha hecho anteriormente.

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Además de escritor, Acevedo también es pintor. / Foto por: Tomás E. Mercado Rivera

 

Es el libro más serial que yo tengo. En cada cuento el diablo toma una forma distinta. Lo único que lo une es la figura del demonio en todas sus formas, como el anticristo cristiano, como el opuesto a Dios o símbolo de todo lo que falla, de lo que no funciona o se rompe”, acota.

Con esa radiografía escrituraria bien definida, intenté adentrarme en su misión como escritor puertorriqueño. Me resultaba propicio y oportuno, mientras bebía de una infusión de té y terminaba su comida, que al fin llegó.

“Quiero dejar tantas cosas hechas que te podría dar una lista. Quiero una tradición fuerte de ciencia ficción, fantasía y horror en Puerto Rico, porque no existe todavía y se está creando ahora. De igual forma, de literatura queer. Quiero que salgamos de la vieja literatura y entremos a las nuevas preocupaciones de 2014, que recuperemos lectores, con todo lo que eso implica”, aspira quien además es tallerista desde hace poco más de un año.

De sus talleres, han participado varios escritores del patio como Cindy Jiménez Vera, Iris Alejandra Maldonado y José Raúl Ubieta Santiago.

“Me sirven de partida doble porque entiendo que un escritor de esta actualidad es uno que debe estar conectado con generaciones más jóvenes que la suya. Espero nunca dejar de nutrirme de lo que los más jóvenes experimentan porque si no… ¿a quién voy a llegar? A mí no me interesa que la gente que vino antes de mí me lea, mi literatura es para la gente que viene”, añade.

Y así, casi por añadidura, indica que vienen alrededor de seis novelas y tres libros de cuentos. Todos sumamente diversos. Algunos explorarán la historiografía, mientras otros atenderán los vampiros y los enfoques realistas, pero siempre con la mente puesta en un compromiso firme.

“Hago esto aunque sea con una fe ciega”, concluye.

Por eso, no hay espacio para dudas: Acevedo es uno de los escritores que debemos leer casi por obligación. No por ser una voz joven y en constante producción, sino por su sinceridad, una que atrapa y te arropa desde la nitidez de sus palabras, esas que nunca te dejarán escaparte salvo con el vuelo que encontrarás en su literatura, la nueva y enérgica literatura de Puerto Rico en la que se reinventa, persistentemente, un audaz David Caleb.


Por: Wilfredo J. Burgos Matos