Nefesh Cordero: “No hay nada que me llene y me agobie tanto como el teatro”

“La gente no conoce el hambre que tengo de llegar a vivir una experiencia” dice muy segura, prácticamente imponente, como se describe en repetidas ocasiones.

Nacida en Isabela, ingresó al Colegio de Mayagüez para comenzar estudios en Ciencias Físicas. Luego, descubriría su camino artístico. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Nacida en Isabela, ingresó al Colegio de Mayagüez para comenzar estudios en Ciencias Físicas. Luego, descubriría su camino artístico. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Se trata de Nefesh Cordero, oriunda de Isabela, orgullosa de serlo, y egresada de Estudios Interdisciplinarios en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Relación pública y publicidad en conjunto con Drama. Así, de manera dispar y casi poética, se formó quien actualmente labora en el Taller de Vestuario de Ramonita Toro.

Nefesh quiere hablar.

Entonces, sirvo el café para la plática y la contemplo mientras mira el techo, la vela recién encendida y se recuesta sobre el espaldar de mis sillas de madera. Era el momento para disfrutar de su dulzura y volverla a conocer después de tantas vivencias compartidas.

“Soy responsable y, a la misma vez, insegura, transparente y vulnerable. Estoy creciendo y no me entiendo completamente. El rompecabezas no está terminado”.

Se da un sorbo, mueve el cabello de su cara, escucha el ruido de Río Piedras y prosigue.

“Desde pequeña, siempre me gustó entretener al público, la atención. Me gustaba sentir el control. Luego, en high school, me pregunté qué yo podía hacer para estar a ese nivel, pero estaba atada a la sociedad con respecto a las profesiones habituales como las de doctor o abogado. Por eso, descarté ser artista. Entré al Colegio de Mayagüez y primero quería Ciencias Naturales, luego Ciencias Sociales, luego la Iupi y la eventual transformación en un curso de actuación”, explica mientras sonríe con los cambios drásticos, de esas decisiones de último minuto, liberadoras.

Nefesh Cordero habitará  Solange de
Nefesh Cordero será Solange de “Las sirvientas” de Jean Genet, en el escenario del Teatro de la UPR, del 6 al 15 de febrero. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Al rato, comenta la experiencia que le mudó los sentidos en un curso actoral. Que le fue terrible, que pedía líneas, pero que, luego de mucho trabajo, logró conectarse. Fue un encuentro espiritual, una nueva forma de verse ante el mundo, ese que se le abría frente a sí mientras aprendía a ver con otros ojos, desde otro cuerpo, desde un personaje. El otro. La otra. Posibilidades infinitas.

“Descubrí que eso tenía su gracia y comencé a entrenarme”, declara quien habitará a Solange en Las sirvientas de Jean Genet, bajo la dirección de su mentora Jacqueline Duprey, del 6 al 15 de febrero de 2015, en el escenario del Teatro de la UPR, como parte de las producciones del Teatro Rodante Universitario.

Solange es un ser bien oscuro, que creo que ha sido lo más trabajo que me ha dado a mí. Ella no tiene color en su vida. No hay esperanza y, tal vez, la única que tiene es entrar al mundo de la fantasía, que es lo que la hace sentir libre y bella”.

De pronto, me intriga y quiero saber cuánto del personaje es también la propia Nefesh. Ella no duda en asegurarlo: la energía animal. Yo la siento en mi vida personal y actoral. Nos parecemos en eso”.

Así también se ha interesado por el vuelo poético de Genet, que valora como una joya para el desarrollo de la obra.

“Es una poesía grotesca, pero de esa misma fealdad sale una belleza. Poder contar esta historia con la piel de Solange me hace sentir privilegiada. Me he enamorado de mi personaje y de mi hermana Claire”, indica al mismo tiempo que explica los juegos e intercambios de roles que sufre junto a su compañera de escena con el fin de revelarse contra una dama de la burguesía francesa, la Madame, a quien le sirven.

Ahora, Nefesh no quiere que los secretos salgan a la luz. Aspira a que seamos cómplices de la dinámica enérgica que desatan las hermanas. Hablamos sobre cómo, verdaderamente, empezó su carrera.

“Yo tomé un curso con la doctora Noemí Maldonado, de Teatro Puertorriqueño, en Mayagüez. Yo estaba bien asustada, veía a mis compañeros que ya sabían y no creía que tuviera la capacidad para hacerlo. De repente, se dio la oportunidad de que Roberto Ramos Perea fuera a dar un taller y, al yo estar arriba, volví a encontrar mi razón de ser, como cuando era chiquita y le presentaba cosas a mi familia. No era algo difícil para mí. Era magia”.

Aspira a proseguir estudios graduados en Drama próximamente. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos
Aspira a proseguir estudios graduados en Drama próximamente. / Foto por: Wilfredo J. Burgos Matos

Al cabo de unos años, llegó a Río Piedras, lugar que asegura tiene una energía peculiar. Aquí se siente más relajada, pues se vio obligada a experimentar y a vivir. En materia artística, precisamente, fue Genet quien la atrapó en sus primeros momentos, pues acudió al llamado para salirse de su “yo” y habitar a otros, escape que la ayuda a viajar y ver el mundo desde las tablas.

Por ello, no tiene otra razón para abrazarse a sus sueños que afirmar lo inevitable y confirmar lo que hemos platicado.

“Quiero seguir actuando. Es lo que escogí ser y lo que me comprometo a hacer. No me visualizo en otra cosa. No hay nada que me llene y me agobie tanto como el teatro”, concluye mientras termina su café, peina su cabello, me mira a los ojos y sonríe.

Sé que he hablado con una artista comprometida, joven, pero con anhelos que superan edades y ajustes de la adultez temprana. Sé que está en su mejor momento, en la coyuntura entre talento y vocación.


Por: Wilfredo J. Burgos Matos