Noemí Segarra: “Lo perfecto es el in between

Mensaje desaparecido en la Avenida Ponce de León en Río Piedras. / Foto: Suministrada

Por: Camila Frías Estrada


Cuadré encontrarme ese sábado con Noemí Segarra para presenciar la clase Cuerpo y ciudad que forma parte del programa de Maestría en Artes en Gestión Cultural de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. La cita se pautó a través de Facebook, situación común hoy día donde los encuentros presenciales y las entrevistas tienden a pasar por dos etapas medulares: 1) ver la foto de perfil del sujeto y, 2) superficialmente “analizar” su “personalidad” a raíz de unas preguntas guías que se contestan tanto en la red social como en una simple busqueda en Google. ¿Quién es? ¿Qué le gusta? ¿Por quién te conoce? ¿Quiénes son sus amigos? ¿Proyectos? ¿De quién es o fue novix? ¿Qué hace los fines de semana? ¿Tiene mascotas? ¿Qué libros lee? Al final, todo concluye en una condescendiente aprobación de un futuro “amistoso” incierto o en el frívolo “confirmar más tarde” si las respuestas no se acoplan a tu rutina o círculos sociales.

Por momentos se puede deducir que vivimos en un mundo frío pero accesible donde reinan pequeñas pantallas sobre las cuales operan arduamente millones de dedos pulgares que oprimen múltiples posibilidades de encuentros interpersonales que no trascenderán más allá de un “hola” en el messenger app de FB. No obstante, hay seres que trascienden dicha lejanía, personas que conectan, que crean puentes entre lo virtual y lo material con el fin de encontrarse. Eso sucedió con Noemí.

Cuando me senté a ojear las fotografías que conformaban su perfil, observé cómo su cuerpo se integraba a los espacios en desuso de la ciudad de San Juan, esas ruinas de la modernidad que aún comunican las pasadas tragedias al cuerpo presente, ese que simultaneamente también está en proceso de desaparición. Noté ante la rapídez de mis propios clics: terrenos baldíos con el pasto crecido, zapatos de cuero rotos, grafitis que dicen “Te AMO”, sus pies descalzos sobre el pavimento, basura en la calle, absurdas señales de tránsito y fotos de sus ensayos de baile hace años atrás.

“Si ella es la profesora, pues la clase debe estar de lo más interesante”, pensé emocionada.

Sin embargo, su foto de perfil, en ese entonces, me resultó cautivadora. Su torso inclinado hacia atrás se rendía en forma meoldramática ante la imponente frase que todavía, a pesar de que fue borrada, quedó tatuada en la memoria citadina en una de las paredes ubicadas en la Avenida Ponce de León: Amarte es un “fucking” papelón, del artista LC.

Asentí ante el mensaje que tansmitía la imagen de Noemí.

Mensaje desaparecido en la Avenida Ponce de León en Río Piedras. / Foto: Iván Acosta Dos Santos
Mensaje desaparecido en la Avenida Ponce de León en Río Piedras. / Foto: Ivan Acosta Dos Santos

Para vivir la distorsionada armonía caribeña es imprescindible aceptar el papelón, ese drama inconcluso, esa constante vergüenza alimentada por el pensamiento de que ya nada importa pero todavía hay cosas por las cuales luchar y gritar porque, como sea, unx sigue molestx por problemas que nunca tendrán solución. El papelón es ese extraño impulso que obliga a uno a rendirse y disfrutarlo como parte de nuestro ADN y plan de sobrevivencia ante la crisis, el papelón es vivir en jaque y como anclado a esos espacios de mierda en la ciudad que te hacen sentir segurx, sexualmente impotente, a veces seductor, y, de mil en cien, feliz.

En fin, el papelón es una trama que se desenlaza entre la historia de un individuo y su verdederx amante: la ciudad. Esa estructura que cuando cambia enfurece y que cuando permanece igual causa una apatía increíble. Los otros personajes son meros espectadores. Pero, ¿cómo estamos conscientes de nuestros papelones cotidianos? ¿Cómo analizarlos y/o autocriticarlos?

Noemí Segarra cursó sus estudios de bachillerato entre la Universidad de Puerto Rico y Hunter College de la red de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Además, posee una maestría en Bellas Artes en Coreografía y Performance en Temple University en Filadelfia. También es la fundadora del proyecto PISO y En tránsito. A lo que voy es que, luego de llegar al casco urbano de Río Piedras el día que coordinamos el encuentro, le escribí un mensaje de texto al cual contesta que “la clase había sido movida de la Casa Ruth Hernández al restaurante Productos Gostos. Aquí hay buen café, está en la misma Avenida Ponce de León, así que te espero aquí”, me escribe.

Estudiantes del curso Cuerpo y ciudad. / Foto: Yari Cotto
Estudiantes del curso Cuerpo y ciudad. / Foto: Yari Cotto

Antes de llegar, me senté en la Plaza del Pilar a terminar mi desayuno, cuando en menos de 10 minutos, presencié dos peleas. La primera, de dos mujeres que jugaban a ser violentas peluqueras sadomasoquistas que se atacaban con las loncheras de sus hijas y la otra de dos hombres que discutían la condición del “chota” cuando “usted mi hermano” se mete en lo que no le importa “si esas mujeres quieren pelear, déjelas pelear, tú no tienes por qué llamar a la Policía”, se gritaban.

“Pues mira es bien interesante eso porque la Plaza del Pilar está llena de vida pero cuando vas a la de La Convalescencia allí no pasa nada. Está sin uso”, me contesta Noemí ante la historia que le hago sobre la pelea mientras me pido un café en la barra. Ya comienzan a llegar más estudiantes que se unen en una mesa con otros tres colegas que discuten sobre las propuestas del trabajo final de la clase.

En tránsito es un proyecto que comenzó cuando estaba viajando entre Filadelfia y Nueva York, continuamente, cada fin de semana en transporte público y como peatona. En ese entonces como estaba muy en contacto con muchos pedazos de la ciudad, que cuando estás en carro o estás con prisa no llegas a ver, quise comenzar a documentar eso que me encontraba, que representaba facetas, aspectos y situaciones imprevistas o nuevas”, comenta.

Noemí llegó de Filadelfia a Puerto Rico en el 2009 con planes de emprender nuevos proyectos artísticos en colaboración con otros colectivos establecidos en la ciudad de San Juan. Su campo de conocimiento y especialidad es la expresión corporal. A través de esta disciplina artística, esta novel profesora plantea la función dual del cuerpo humano ya sea tanto como fuente de manifestación como también de esponja ante un sinnúmero de experiencias cotidianas que la mayoría de veces se van acumulando en el subconciente sin el fin de ser recreados en un plano performativo.

“Yo regresé a Puerto Rico con la ilusión o la nostalgia de que la calle es un sitio donde te encuentras con la gente y no necesitas hacer una cita, dar un “like” o mandarle un texto. En tránsito es un poco ese espacio donde se documenta lo cotidiano y donde la realidad de ser peatona en Puerto Rico me reveló una serie de interrogantes que le dan forma a este curso que se titula Cuerpo y ciudad. Mientras tanto, en esta clase lo que intento es dialogar con los estudiantes sobre lo que hemos visto en nuestras rutas y rutinas y buscar la forma de crear mapas, doumentar y estar concientes de ello como material creativo”, explica.

Por tanto, el saber cómo expresar, interpretar y organizar esas experiencias de manera crítica desde una categoría artística es lo que conforma el corazón de su curso. Aquí es donde los estudiantes tienen que obligarse a recordar la experiencia cotidiana, a meditar sobre la misma y encontrar su valor contestatario.

En cada reunión con los alumnos, esta profesora de 43 años, altísima, de pelo corto oscuro, diaspórica en su tiempo estudiantil y de voz compasiva pero al mismo tiempo ansiosa, conceptualiza ante sus estudiantes el cuerpo como un canvas en blanco que poco a poco se va habitando de trazos y formas que surgen de las experiencias diarias que tenemos con los espacios públicos. Esa experiencia donde muchas veces somos tanto actores como también espectadores.

Aquí el punto de Noemí es usar todo material que pertenece al plano de la memoria y la ciudad como una herramienta creativa donde la crítica y expresión artística quede manifestada en el cuerpo. De esa forma, se crean puentes que nos permiten compartir lo que sufrimos y deseamos como individuos en el mundo material más alla de un “like”. En fin, como aspira Noemí, se trata de crear un balance donde lo perfecto de nuestro performance diario encuentre su lugar en el “in between”.