Rey Andújar: “Escribir es lanzarse a la incertidumbre”


Por: Wilfredo José Burgos Matos


Se le antojó una cerveza. Era regresar al Caribe, otra vez, como era bastante usual. A lo mejor se trataba de recordar su esencia. O una forma de calmar la ansiedad de presentar un libro. Simplemente, la cerveza estaba allí, de intermediaria, entre él, mi libreta de apuntes y yo.

Rey Andújar, entonces, con una sonrisa a medio hacer y una energía de palabras que percibía en sus ojos, solicita comience la plática. Le hago caso.

Había mucho en mi cabeza y el cuestionario que había preparado era una nube de ideas. No obstante, lo que más me interesaba era el elemento migratorio. Siempre la obsesión de la movilidad y las identidades. Quería saber si, en efecto, su mudanza física no compaginó con la mental. Suelo pensar en eso, con facilidad, ahora que siento estos traslados tan de cerca. O, mejor dicho, porque pronto es a mí a quien le toca partir.

“Encuentro las historias donde las encuentro. De mí, lo que más se conoce son las que se desarrollan en el Caribe, pero he escrito cosas que pasan en Chicago o en Praga. Con todo eso, lo que trato es alejarme de la nostalgia. Lo que sí me pasa es que cuando estaba en Santo Domingo, siempre pensaba cuándo me iba a ir”, dice mientras se disfruta un sorbo de la birra a medio caminar del vaso.

Rey Andújar conversó con Ciudad Puente en Libros AC, en el marco de la presentación de su tesis doctoral hecha libro. / Foto por: Tomás Mercado
Rey Andújar conversó con Ciudad Puente en Libros AC, en el marco de la presentación de su tesis doctoral hecha libro. / Foto por: Tomás Mercado

Nostalgia, sentimiento que, al parecer aprendió a domar por sus estancias en diversos países, entre ellos, Curazao, Aruba y los Estados Unidos, desde donde nos regala literatura en “la ciudad de las bibliotecas”, como le llama, con mucho gusto, a Chicago.

Reflexiona que ha pensado en el exilio voluntario recientemente. Lo cataloga como una movida más práctica para alivianar las malas jugadas de lo nostálgico, de lo que se encuadra en esa quimera de “siempre poder regresar”. Entonces, prefiere pensar que está donde está por asunto de comodidad. Claro y sencillo.

Al cabo de un rato, hablamos sobre la mujer, precisamente, porque acababa de presentar su tesis doctoral hecha libro, Formas del ascenso: Estructura mitológica en Escalera para Electra de Aída Cartagena Portalatín. Reflexionábamos sobre esto luego de ganar el VI Concurso Latinoamericano y Caribeño de Novela Alba Narrativa 2015 por Los gestos inútiles.

“La mujer dominicana la han colocado en un puesto que no tiene que hacer otra cosa mas que rebelarse”, lanza en el último sorbo, en la despedida de la espuma, mientras aprovecha para ejemplificar su punto con el caso de otra escritora dominicana, Hilma Contreras, que justo cuando salió de su país a estudiar medicina, decidió dedicarse, en la lejanía, a “lo que le dio la gana”.

De paso, repiensa su nacionalidad y aprovecha para hacer confesiones.

“Siempre he dicho que me he hecho más dominicano en Puerto Rico. Conocí la literatura dominicana acá”, comenta mientras sostiene que en las Antillas hemos crecido apocados ante la majestuosidad de Cuba y el limbo nacional puertorriqueño, cosa que no ha sucedido para atender de manera más profunda a las letras de Quisqueya.

Sin embargo, Andújar no quiere romantizar la conversación y nos dirigimos hacia otro puerto, la literatura policíaca. Entiende que lo majestuoso de este tipo de narración es el argumento, pues no se puede escribir una novela pensando en un argumento lineal, donde se resuelva un solo problema. Por ello, debe haber un discusión, un anclaje argumentativo base para que el novelista, sabiendo que no podrá resolver un asunto, decida, como sea, desnudarse letra a letra.

“Estas novelas son menos del crimen que de las variables que nos llevaron hasta ese crimen. Esa contradicción es la que me mueve, de hecho, con la novela premiada, eso fue lo que hice: contradecirme a cada momento”.

Así fue que descubrió que contradiciéndose encontraba más riqueza en eso que quería contar. Así las cosas, asegura que no es algo que se planteó con agudeza, porque trabaja según el proyecto lo amerite. Como ejemplo clave, para sus gestos inútiles, usó una música en específico y escribía de 4 a 10 de la mañana y, cada nuevo día, retomaba su escrito dos páginas atrás. “Eso me ayudó a la continuidad de los diálogos”.

Rey Andújar recibió el premio Alba Narrativa 2015 por su novela "Los gestos inútiles". / Foto por: Tomás Mercado
Rey Andújar recibió el premio Alba Narrativa 2015 por su novela “Los gestos inútiles”. / Foto por: Tomás Mercado

Por otro lado, la novela Candela, fue escrita durante un año, en la playa Cabarete, en República Dominicana. En ella, trabajó el tema haitiano inspirado en su primera novia, que, precisamente, era haitiana. La misma fue escrita en el 2006 y, como indica, “hoy es el 2015 y tenemos esta situación”.

Trabajó el tema con toda la intención del mundo y se complace al compartir que se está haciendo película. Se trata de una producción cubano-dominicana y será dirigida por Andrés Farías Cintrón, quien es seguidor del trabajo de Andújar y ha hecho varios cortometrajes inspirados en sus letras.

Además de esta temática, también explora la ciudad desde cuatro perspectivas: cómo caminarla, la noche citadina, la sexualidad y las clases sociales. De hecho, las clases sociales se hermanan en el sexo, por eso lo trabaja abiertamente a partir de “El hombre triángulo”.

Entretanto, aprovecha para revelar que regresa a los textos con una emoción indescriptible, porque es su oportunidad de contestarse incógnitas que a lo mejor no se había planteado. Tanta ha sido su pasión por la revisión, que, a pesar de seis negativas de publicación por seis editoriales a su novela laureada, siempre peregrinó de vuelta a cada párrafo y línea con la misma inquietud de evidenciar que su argumento era válido.

“Escribir es lanzarse al vacío, a la incertidumbre, pero eso es lo más chulo de esto”, concluye con un brillo especial en sus ojos.

Y así comenzó su partida, en mi caso, con más preguntas que respuestas. Lo veo levantarse, despedirse en medio de las luces apagadas del lugar de la conversación y, como prueba de que recién arribaba, tomar su maleta negra. Comienza a arrastrarla hacia la salida y, entonces, regreso a mi obsesión migratoria. Me pregunto qué será eso de convertirse en escritor en el exilio ahora que me voy de mi Caribe hacia Nueva York.

Todavía no sé qué es, ni a qué me enfrento en ese sentido, pero si algo aprendí de la plática es que, indiscutiblemente, fuera de las nostalgias peligrosas, uno nunca se marcha. Seguiré escribiendo, eso sí, para probar que uno está más presente que nunca, aunque medie un océano de incertidumbre. Para confirmar que se está tan presente y vivo como la ilusión en el brillo de los ojos de Rey, la que se produce cuando se siente ternura y amor por lo que se hace. Una ilusión que vale cada libro de este escritor dominicano que no me cansaré de leer.