DANILO MEDINA: EL HACEDOR DE REYES

Por: Ciudad Puente

Hace diez años era el hambriento “underdog” y versátil economista del Partido de la Liberación Dominicana. Dicha etiqueta la ganó al perder la elección presidencial contra el candidato del Partido Revolucionario Dominicano, Hipólito Mejía, en el 2000.

En ese entonces, la sorpresa de los allegados políticos de Danilo Medina Sánchez fue grande, al este ser conocido como un ávido estratega en la arena política dominicana.

Primero, fue el Jefe de Campaña de Leonel Fernández Reyna en el 1996. Y segundo, el Jefe de Campaña en las elecciones legislativas y municipales de 1998. Ambas asignaciones las llevó a cabo exitosamente.

Con una trayectoria política de más de 20 años, Danilo Medina, un economista e ingeniero químico oriundo de Bohechío, tuvo que aceptar la pérdida de una contienda política que se volvería a repetir, de manera más conflictiva y desmesurada, 12 años después.

Pero como todo un veterano demagogo, pensó que no hay derrota que por bien no viniese.

Por tal razón, pudo confirmar que el conocimiento adquirido durante sus años como Jefe de Campaña no le garantizaría el éxito en los futuros intentos para obtener la presidencia de República Dominicana. Era obvio el hecho de que necesitaba entender y dominar cabalmente el medieval arte del “hacedor de reyes”.

Y qué mejor que hacer uno, por segunda vez.

Danilo Medina, jugó sabiamente su próxima movida. Por consiguiente, en el 2004 volvió a fungir como Director de Estrategia y Asesor de Campaña de Leonel Fernández Reyna, asegurándole por segunda vez a dicho candidato el triunfo en las elecciones para el periodo presidencial 2004 -2008.

Sin embargo, el hambre por la banda presidencial no desapareció. Razón por la cual este Octavio de la política dominicana comenzó a construir, nuevamente, los pilares de su propio imperio a la sombra del César peledeista: Leonel Fernández.

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En el 2007 renuncia a la posición de Secretario de Estado para continuar con sus proyectos políticos y enfrentarse en las primarias de el Partido de la Liberación Dominicana contra Fernández.

Danilo Medina, volvió a perder rotundamente pero esta no era la primera vez que encabezaba el club de los perdedores, aunque quizás la última.

Así que, con la paciencia y persistencia de una tortuga, aprovechó la decadencia de los ocho años consecutivos de gobierno de Leonel Fernández con el fin de posicionarse como el líder del PLD y de República Dominicana.

En el 2012 estaba más que preparado para enfrentarse a los intensos conflictos de su partido, uno que eventualmente se dividió en Danilistas y Leonelistas. De forma táctica, tal cual su líder, la primera ala mencionada orquestó lentamente el final fatal de su contrincante.

La competencia fue salvaje, pero con un desenlace triunfal para los Danilistas.

El César caribeño fue derrotado con las tácticas de quien alguna vez fue su Hacedor.

No obstante, Danilo Medina tenía un segundo reto, vencer en la elección presidencial de 2012 a un antiguo y feroz contrincante: Hipólito Mejía.

El proceso fue aparatoso.

Su rival: un desajustado expresidente que mórbidamente reforzó las ideas del patriarcado dominicano con la frase: Llegó Papá.

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Y Danilo era, como siempre, un posible perdedor apelando al máximo cargo de la República Dominicana.

El punto a su favor: ser el líder del partido gobernante.

Por lo tanto, empleó todos los trucos y herramientas que el poder pudiese comprar: cédulas falsas, sobornos, malversación de fondos nacionales para su campaña, entre otros “ajustes”, que suelen asegurar el triunfo político en el caribe poscolonial.

Con estos factores como aliados, el líder peledeísta, ganó por un margen mínimo la presidencia.

La espera fue larga.

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El cuatrenio muy corto.

Y su reelección a un segundo término: “necesaria”.

Luego de cuatro años en el poder el hombre con semblanza tímida, de espejuelos fijos y pausado caminar, se ha transformado en el calculador presidente de la Economía Familiar Dominicana.

Hoy 15 de mayo de 2016, y por segunda vez, Danilo Medina Sánchez, presidente número 58 de República Dominicana, lidera la papeleta para la presidencia por parte de el Partido de la Liberación Dominicana.

En varias ocasiones negó la posibilidad de una reelección pero el tiempo y los encantos del poder cambiaron su parecer.

Hoy por hoy, es un hombre de 64 años que se mantiene fiel a la tradición científica típica de las profesiones que ha estudiado.

El crecimiento económico, la expansión de la clase media, la modernización del país, el fortalecimiento de la clase agrícola, y la optimización del sistema de salud siempre lideran los objetivos principales en sus discursos políticos.

No obstante, el silencio en torno a temas relevantes en la sociedad dominicana subrayan su miedo a perder el poder.

En el reciente discurso de Rendición de Cuentas, pronunciado el 27 de febrero de 2016, Danilo Medina, no tocó un solo punto negativo o reto de su administración.

Al contrario, dicho evento destinado a fortalecer la transparencia de los organismos políticos dominicanos, fue utilizado pragmáticamente para desplegar por hora y media un texto demagógico que dejaba fuera de discusión la crisis de derechos humanos en República Dominicana.

El tema sobre los ajustes necesarios en las leyes migratorias del país: sin discutir.

Los proyectos inmediatos para eliminar  y controlar la epidemia de feminicidios: sin mencionar.

No obstante su campaña promueve la objetificación de la mujer dominicana para  fines “persuasivos”.

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El cómo fomentar  a través de la educación una cultura de paz y tolerancia para combatir la homofobia institucional: ni una palabra.

Cuándo se pondrá en marcha el Plan de Seguridad final que permitirá preparar a las fuerzas de seguridad del país con el fin de evitar la rampante violencia  y el abuso de poder por parte de la Policía Nacional: sin mencionar.

El invisibilizar de la discusión pública los problemas sociales y los retos estructurales del Estado dominicano, se ha convertido en una clave importante de la gramática Danilista.

En el universo político, y mágico, construido por Danilo Medina y sus allegados, los datos negativos no  existen en su administración.

Mas bien los acercamientos críticos en torno a su gobierno son el producto de un “pesimismo” cultural que no le permite a los dominicanos “progresar” verdaderamente.

En pocas palabras, quien no está con él, está en contra.

El Hacedor de Reyes ahora se ha convertido en un astuto Autócrata.

Hoy veremos el resultado de los que gobernarán en República Dominicana los próximos cuatro años. Esos que se tendrán que negociar y rendir las cuentas reales a una nación, que cuando calla por mucho tiempo: estalla.


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